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Digitalizado por http:--www.librodot.com 1 Librodot Los europeos Henry James Henry James Los europeos Uno Visto desde las ventanas de un hotel de apariencia austera, un cementerio pequeño en el corazón de una ciudad agitada e indiferente no es nunca motivo de regocijo; y el espectáculo no mejora cuando las lápidas musgosas y el arbolado fúnebre reciben el refresco ineficaz de una nevada insignificante que no llega a cuajar.
Si, además, mientras la llovizna helada espesa el aire, el calendario señala que la bendita estación primaveral comenzó hace ya seis semanas, la escena reúne, sin duda, todos los elementos para causar el abatimiento más profundo.
Un 12 de mayo, hace ya más de treinta años, todo esto lo sentía intensamente una señora asomada a una de las ventanas del mejor hotel del Boston antiguo.
Había pasado allí media hora, aunque intermitentemente, porque de cuando en cuando se daba la vuelta y recorría la habitación con andares inquietos.
En la chimenea, un fuego al rojo vivo emitía una débil llama azul y, frente al fuego, junto a la mesa, se sentaba un hombre joven ocupado en manejar el lápiz.
Sostenía unas cuantas hojas de papel, cortadas en pequeñas porciones cuadrangulares y, al parecer, estaba dibujando figuras extrañas.
Trabajaba con rapidez y concentración.
A veces echaba hacia atrás la cabeza y colocaba el dibujo lo más lejos posible; al mismo tiempo tarareaba y silbaba suavemente en un tono que resultaba muy alegre.
La señora lo rozaba al pasar por detrás: su falda, con muchos adornos, resultaba muy voluminosa.
Nunca miraba a los dibujos; sólo se volvía para contemplarse en un espejo colocado sobre un tocador al otro de la habitación.
Entonces se detenía un momento y se daba un toque a la cintura con las dos manos, o levantaba los brazos -de curvas suaves y atractivas- hacia el pelo, con un movimiento mitad caricia y mitad corrección.
Un observador atento podría haber advertido que, durante esos momentos de...





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