Bester, Alfred - Su vida ya no es como antesReport as inadecuate




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SU VIDA YA NO ES COMO ANTES ALFRED BESTER La chica que conducía el jeep era muy guapa y muy nórdica.
Llevaba el pelo rubio recogido hacia atrás en una cola de caballo, pero lo tenía tan largo que parecía más bien la cola de una yegua.
Llevaba sandalias, unos vaqueros gastados, y nada más.
Estaba bellamente bronceada.
Cuando hizo girar el jeep saliéndose de la Quinta Avenida y enfiló entre saltos las escaleras de la biblioteca, sus senos danzaban encantadoramente. Aparcó frente a la entrada de la biblioteca, salió del coche, y estaba a punto de entrar cuando algo del otro lado de la calle atrajo su atención.
Miró, vaciló, se miró luego los pantalones e hizo una mueca.
Se quitó los pantalones y se los tiró a las palomas que perpetuamente pían y se arrullan en las escaleras de la biblioteca.
Mientras éstas levantaron el vuelo asustadas, la chica bajó corriendo hasta la Quinta Avenida, cruzó y se detuvo ante el escaparate de una tienda. En él había un vestido de lana color ciruela.
Tenía la cintura alta, falda muy larga, y no demasiados agujeros de polillas.
El precio era setenta y nueve dólares y noventa centavos. La chica vagó entre los viejos coches que estaban aparcados en la avenida hasta que dio con un guardabarros suelto.
Rompió con él la puerta de cristal de la tienda, entró, esquivando cuidadosamente los fragmentos de cristal y buscó entre las polvorientas perchas. Era una chica alta y no le resultaba fácil encontrar prendas de su talla.
Por fin abandonó el traje de lana color ciruela y se quedó con un tartán oscuro, talla doce, de ciento veinte dólares, rebajado a noventa y nueve noventa.
Localizó un talón de facturas y un lápiz, sopló el polvo y cuidadosamente escribió 99,90 dólares.
Linda Nielsen. Regresó a la biblioteca y cruzó la puerta principal, que había tardado una semana en abrir con una maza.
Cortó a través del gran vestíbulo, sucio de los excrementos de las palomas que entraban allí libremente desde h...






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