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Author: Dimas Aranda

Source: http://www.biblioteca.org.ar/


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Medio siglo de agonía Santiago Dimas Aranda A Perulero, terrón de mi nacimiento, germinal de las emociones de mi vida. A mis padres, don José Claro y doña Florencia, que marcaron el rumbo a seguir. A mis hijos Margarita, Santiago, Efraím, Óscar Ángel y Pablo Dimas, inseparables en el arduo derrotero de mi lucha, con amor, con fe y esperanza. Presentación Es ésta una aproximación a la ingente lucha asumida por un hombre, por un pueblo, por un país.
Por un hombre que vivió, padeció y murió sosteniendo un ideal y, al morir, mató consigo al que reputaba enemigo de su pueblo.
Un pueblo que soportó el escarnio de dictadores ignorantes y sanguinarios, militares y políticos serviles y sucios, incapaces de pensar en bien del prójimo y, mucho menos, del país.
Un país sometido a los estragos de la corrupción y el atraso, con dos tercios de los habitantes en la ruina, la miseria y el exilio. S.
D.
A.
[8] [9] Capítulo I Culpable de no estar muerto La culpa la tendría el miedo, su horrible miedo a la muerte, el mismo que continuaba torturándolo.
Entre la maleza del caminejo que había tomado, zigzagueaba mascullando la rabiosa convicción de que más hubiera valido quedarse, permanecer en la tragedia, e incluso perecer en ella.
No podía perdonarse el haber abandonado el país en tanto numerosos compañeros quedaban afrontando el desastre.
Y esa verdad lo atormentaba cada día más a medida que avanzaba en la certeza de haber sido todos implacablemente ultimados.
Sin cesar, esa obsesión le agitaba su carga de fantasmas. El otoño imponía su paisaje exánime en el vasto malezal que orillaba la loma y el poblado, contribuyendo a deprimirlo todavía más.
Tal como ya le había sucedido otras veces, no pudiendo soportarse ni soportar a nadie, se alejó de la casa sin rumbo previsto. Al rato, muy fatigado luego de vencer una tortuosa subida, se detuvo a recobrar aliento. Fue entonces que un súbito estremecimiento lo sacudió.
Acababa de avistar a corta ...






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