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Author: Celdrán

Source: http://www.biblioteca.org.ar/


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Entrevidas Selección Adolfo Celdrán Declaración de principios del viajero No importa No importa el rumbo que lleve el barco de tu vida si tú no vas en él Revisando el equipaje Un niño muerto de tristeza tumbado boca abajo en un charco de lodo Un niño que llora, llora, llora, llora, llora, que le clava a la vida lágrimas y lágrimas porque, de golpe, ha comprendido el truco. Viajando (el camino) La fuerza del acto gratuito Estoy seguro de que el viento no puede clavarse en la tierra de la carne, pero yo lo sentía cada vez mas y más ahí, en el suelo de mi piel, levantando papeles de periódico como si no existiese la puerta giratoria, ni la cristalera, ni el mostrador ni la mano de la camarera recogiendo las últimas gotas del café del sexo del aire condensado como por sorpresa y delatado por mi, aunque sin mala conciencia, porque ella lo sabe y se recrea, justo en aquél mismo instante, olvidando el aunque de los zapatos apretados dentro de los pies, tan demasiado pequeños para ocho horas, e incluso la propina del que se la cobra sin que ella quiera, y tantos otros peros, pero a lo que íbamos, yo estaba allí, hecho puerta y cristalera, y no, y la cafetera, adorando al dios Falo, e incluso la copa de coñac, queriendo jugar a la máquina de la baraja, pulsando las horas para llenar el nadie de aquella oración interrogativa. Y otra vez el humo del suelo (¿o aquello no lo dije? Uno tiene equivocaciones, yo no quería delatar a nadie) Y una gabardina absolutamente vacía, que vigila el desorden, y un imaginarse que ella le está mintiendo, es necesario.
Le sonríe, con su cuellito algo mas abrochado, y uno, desde el otro extremo, viéndole las últimas fronteras que se ríen a mandíbula batiente del estúpido sin cara. Y cuando no hay nadie, ella se sirve roja, como una langosta que no puedes comprar, y todo el entorno se hace curvo; la máquina se para y la fuente del café mana libremente moviendo, con un perfecto imprevisible, sus brazos de ...






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