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Author: de Carvajal y Saavedra

Source: http://www.biblioteca.org.ar/


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Mariana de Carvajal y Saavedra La industria vence desdenes En la ciudad de Úbeda vivía un caballero llamado don Fernando de Medrano; gozaba un corto mayorazgo que llamaban vínculo.
Casóse con una dama igual a su calidad, tan hermosa que la sirvió de dote su belleza.
A poco tiempo de casados se reconoció preñada, y llegando el tiempo parió dos criaturas, varón y hembra.
Al niño le pusieron Pedro por su abuelo de parte de padre y a la niña Jacinta.
Criáronse estas dos criaturas creciendo en ellos el amor al paso de la edad y llegóse el tiempo de aprender las urbanidades que deben saber las personas principales: les dieron maestros suficientes y pareciéndole a don Fernando que no tenía dote igual a su calidad para casar a su hija la enseñó todo el arte de la música para que, a título de corista, gozara en un convento las conveniencias acostumbradas.
Don Pedro, con el uso de la razón, dio a entender a sus padres se inclinaba a ser de la Iglesia y pasados los primeros estudios le envió don Fernando a Salamanca a pasar los cursos y estudiar la Teología para que por las letras se opusiera a las cátedras y ocupara los púlpitos.
Luego que llegó a Salamanca cobró muchos amigos, porque de su natural era muy entretenido y afable y entre los demás profesó estrecha amistad con un caballero italiano a quien su padre tenía en aquellas Escuelas sólo a fin de aprender el idioma de la lengua española.
Era eminente en la pintura, imitando las cosas tan vivas que era un remedo de la naturaleza.
Respecto de vivir los dos en una posada le ganó don Pedro la voluntad, con deseo de aprender la eminente facultad, y las horas que faltaban de sus estudios se entretenían en su gustoso ejercicio.
Salió tan diestro que ya su maestro le envidiaba.
Y por estar en uso el hacerse diferentes bordaduras de vestidos, camas y otras cosas, hacían galantes dibujos, con que don Pedro empezó a manejar dineros, y remitiendo a su madre algunas pinturas y a la querida herm...






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