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Author: LILLO

Source: http://www.biblioteca.org.ar/


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Baldomero Lillo EL AHOGADO 2006 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Baldomero Lillo EL AHOGADO Sebastián dejó el montón de redes sobre el cual estaba sentado y se acercó al barquichuelo.
Una vez junto a él extrajo un remo y lo colocó bajo la proa para facilitar el deslizamiento.
En seguida se encaminó a la popa, apoyó en ella su espalda y empujó vigorosamente.
Sus pies desnudos se enterraron en la arena húmeda y el botecillo, obedeciendo al impulso, resbaló sobre aquella especie de riel con la ligereza de una pluma.
Tres veces repitió la operación. A la tercera recogió el remo y saltó a bordo del esquife que una ola había puesto a flote, empezó a cinglar con lentitud, fijando delante de sí una mirada vaga, inexpresiva, como si soñase despierto. Mas, aquella inconsciencia era sólo aparente.
En su cerebro las ideas fulguraban como relámpagos.
La visión del pasado surgía en su espíritu, luminosa, clara y precisa.
Ningún detalle quedaba en la sombra y algunos presentábanle una faz nueva hasta entonces no sospechada.
Poco a poco la luz se hacía en su espíritu y reconocía con amargura que su candorosidad y buena fe eran las únicas culpables de su desdicha. El bote, que se deslizaba lentamente, impulsado por el rítmico vaivén del remo, doblaba en ese instante el pequeño promontorio que separaba la minúscula caleta de la Ensenada de los Pescadores.
Era una hermosa y fría mañana de julio.
El sol muy inclinado al septentrión, ascendía en un cielo azul de un brillo y suavidad de raso.
Como hálito de fresca boca de mujer, su resplandor, de una tibieza sutil, acariciaba oblicuamente, empañando con un vaho de tenue neblina el terso cristal de las aguas.
En la playa de la ensenada, las chalupas pescadoras descansaban en su lecho de arena ostentando la graciosa y curva línea de sus proas.
Más allá, al abrigo de los vientos reinantes, estaba el caserío.
Sebastián clavó con avidez los ojos sobre un...






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