El intruso: Novela Report as inadecuate




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Author: Vicente Blasco Ibañez , (

Source: https://archive.org/


Teaser



t y.
BLA800 IBÁfiBZ Eatalíñ le ayudó á ponerse el recio gabán, y abrió la puerta de la oalle mientras el doctor se calaba la boina y requería su cachaba, grueso cayado con contera de lanza, que le acomp^aba siempre en sus visitas á las minas. —Oye, Eataliñ—dijo al trasponer la puerta.— ¿Sabes quién es el muerto? — M Maestrico disen.
El que enseñaba por la noche el abesedario á los pinches y era novio de esa que llaman La Charanga.
¡Cómo está Gallarta, Señor Dios! Ya se conoce, pues: la iglesia siempre vasía. —^Lo de siempre—murmuró el médico.—El crimen pasional.
A estos bárbaros no les basta con vivir rabiando y se matan por la mujer. Aresti andaba ya, calle abajo, cuando la vieja le llamó desde la puerta. —Don Luis, vuelva pronto.
No olvide que hoy es San José y que le esperan en Bilbao.
No haga & su primo una de las suyas. Aresti notó la entonación de respeto con que hablaba la vieja de aquel [primo que le había invitado á comer por ser sus días.
En todo el distrita minero nadie hablaba de él sin subrayar el nombre con una admiración casi religiosa.
Hasta los que vociferaban contra su riqueza y poderío, le temían como á una fuerza omnipotente. El doctor, al salir de Gallarta, se abrochó el gabán, estremeciéndose de frío.
El cielo plomizo y brumoso se confundía con las crestas de los montes,^ EL IlülBUSO como si fuese un toldo gris que hubiera descendido hasta descansar en ellas.
Soplaba el viento furioso de las estribaciones del Triano, que arranca las boinas de las cabezas.
Aresti se afirmó los lentes y siguió adelanto todavía soñoliento, con esa pasividad resignada del médico que vive esclavo del dolor ajeno. Las rudas suelas de sus zapatos de monte se pegaban al barro; la cachaba iba marcando con su lanza un agujero á cada paso. La noche anterior había cenado Aresti con unos cuantos contratistas de las minas, lo más distinguido de Gallarta; antiguos jornaleros que iban camino de ser millo...





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